Con los remedios naturales podemos actuar no solo de forma específica con un mecanismo molécula-receptor, como lo hacen los medicamentos alopáticos, sino también con un espectro de acción más amplio, variado y personalizado.
Me explico: los medicamentos, que son fundamentales en situaciones de emergencia y en momentos en los que el cuerpo ha perdido por completo su capacidad de escucharse a sí mismo, recuperarse y volver a un estado de equilibrio, tienen sin embargo algunas desventajas: son muy específicos y sectoriales, fuerzan al cuerpo en una dirección determinada sin darle tiempo y espacio para expresarse y recuperarse por sí mismo, sino que lo silencian (¡a veces es necesario!), y actúan solo a nivel físico.

Las plantas, por su parte, aunque en la mayoría de los casos no son capaces de actuar con la fuerza, la rapidez, la decisión y la actividad coercitiva que puede ejercer un medicamento, son capaces de realizar múltiples acciones que se refuerzan y potencian entre sí y reflejan la densa red de vínculos y conexiones que componen nuestro organismo.
Por otra parte, nosotros somos naturaleza, al igual que las plantas, y estamos compuestos por el mismo puñado de elementos químicos que componen las propias plantas, ni más ni menos, por eso podemos comunicarnos tan bien y a niveles tan profundos: nosotros, los animales y las plantas.

Al administrar (por vía tópica, nasal, oral u otras vías) un extracto procedente de una planta, no estamos administrando una sola molécula química, sino un fitocomplejo formado por millones de moléculas que la naturaleza ha querido reunir de una manera y en una cantidad únicas por una razón concreta. No hay dos plantas iguales, al igual que no hay dos personas, perros, cerdos, osos o hongos iguales.

Cada planta nos habla de una manera diferente y tiene un carácter diferente, y gracias a las múltiples moléculas contenidas en su extracto, actúa de diferentes maneras: tanto precisas y dirigidas como un medicamento, como más amplias, reequilibrando y reajustando, como solo ciertos remedios naturales saben hacer.

Así como una persona nunca es solo una suma de órganos, un síntoma nunca es solo una manifestación casual y aislada, y una enfermedad nunca es solo del organismo, sino que forma parte y se entrelaza con emociones, acontecimientos, hábitos, remordimientos, enfados, preocupaciones, miedos y traumas vividos en nuestro pasado.

Del mismo modo, una planta no solo actúa a nivel físico en nuestro organismo, sino que también habla al nivel psíquico y mental, y no solo eso: también envía mensajes al cuerpo más sutil, energético y espiritual. No puede evitarlo, no puede eximirse de ello.